En
una mañana con cielo muy nuboso, dentro de este invierno tan lluvioso que este
año tenemos, volvíamos de nuevo a visitar la laguna del Campillo, dentro del Parque
Regional del Sureste.
Este
Parque, con una extensión de 31.500 hectáreas, donde hasta 16 términos
municipales, entre ellos Torrejón, tienen parte de su superficie dentro de este
espacio protegido, se configura entorno al río Jarama y sus tres afluentes Henares,
Manzanares y Tajuña, que unen sus aguas dentro de él.
A
estos ríos hay que sumar los humedales artificiales, surgidos en los años 60, originados
por la extracción de áridos por debajo del nivel freático, entre los que se
encuentra la laguna del Campillo.
Estos
medios acuáticos y los cantiles próximos, han propiciado la proliferación de
gran diversidad de fauna, aves especialmente, y flora del tipo de vegetación de
ribera.
Comenzamos
la ruta en Rivas Vaciamadrid y nos dirigimos a la laguna del Campillo que
presentaba un aspecto impresionante, desbordada en algunos puntos, debido a las
lluvias caídas los días anteriores y por la crecida del río Jarama.
Continuamos
por la ribera norte de la laguna, teniendo a nuestro lado la línea férrea de
vía estrecha, correspondiente al antiguo ferrocarril del Tajuña, inaugurado en
1886.
Teniendo
en lo alto, a nuestra izquierda los cortados yesíferos, llegamos hasta el
comienzo del lado este de la laguna, donde tuvimos que darnos la vuelta, al
encontrarse el camino inundado.
Seguidamente,
ya con lluvia, nos dirigimos hacia el puente de Arganda sobre el río Jarama, puente
de hierro inaugurado en 1910 y qué en la Guerra Civil, fue un objetivo militar
para ambos bandos, queriendo controlar la antigua carretera de Valencia.
En
el puente, recordamos la crueldad de la batalla del Jarama, de la que este mes
de febrero se cumplen 89 años y de los terribles enfrentamientos ocurridos en
el mismo, entre el Batallón Garibaldi, Brigadas Internacionales, y el bando
nacional que intentaba su toma.
Regresamos
a Rivas Vaciamadrid, para dar allí por finalizada la ruta, teniendo en todo
momento a la lluvia como nuestra compañera. A pesar de cierta incomodidad que supuso,
pudimos contemplar un poderoso Jarama y recordar algo de nuestra historia, que
jamás debe repetirse…
Isaac



























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