Después
de algunos años, volvíamos al Parque de la Quinta de los Molinos, para realizar
allí una ruta y contemplar el bello espectáculo de la floración de los almendros,
fenómeno que se repite cada año al aproximarse la primavera.
Este
espacio público, situado en el distrito de San Blas-Canillejas, tiene su origen
cuando el conde de Torre Arias regala, en el año 1920, unos terrenos al
arquitecto y urbanista Cesar Cort Botí. Posteriormente compró más parcelas
hasta reunir una finca de casi 30 hectáreas.
Este
arquitecto, catedrático de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid y
concejal del Ayuntamiento de Madrid, transformó este espacio en un jardín
romántico y paisajístico, en la parte norte, con fuentes, estanque, construyó la
Casa del Reloj y un Palacete ejemplo de arquitectura de la Secesión Vienesa,
considerado como”Art Nouveau” a la
austriaca.
En
la zona sur de la Quinta, con un carácter más agrícola, predominan los almendros
que en esta época la tiñen de colores blanco y rosa. El nombre de la finca se
debe a los molinos que en ella hay, traídos desde Chicago para extraer agua de
riego de los pozos.
En
1982, muerto el arquitecto, sus herederos llegan a un acuerdo con el
Ayuntamiento de Madrid, por el cual 21 hectáreas pasan a ser patrimonio del
Ayuntamiento y el resto se convierte en terreno urbanizable.
La
finca desde el año 2025, está considerada como Bien de Interés Cultural de la
Comunidad de Madrid en la categoría de Conjunto Histórico.
Comenzamos
la ruta circular por la cara sur, entrando a través del portal de acceso de la
calle Alcalá, nos dirigirnos al lado oeste de la Quinta entre praderas de
almendros, olivos y pinos.
Llegamos
al estanque, Casa del Reloj, Invernadero y Palacete de comienzos del siglo XX.
Después de regresar al estanque, cruzamos el Arroyo de los Trancos, para seguir
por el lado este de la Quinta, hasta volver al punto de comienzo de la marcha.
En
una mañana soleada, disfrutamos de un paseo relajado en este parque singular,
que combina naturaleza y tranquilidad, en un marco de belleza incomparable, como
es el de la floración de los almendros…
Isaac






























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